La vida en la selva paranaense, aparentemente un producto de una falla geológica, demuestra el funcionamiento intrincado de la naturaleza. La selva depende de su diversidad para resistir perturbaciones naturales y humanas.
Redes complejas, perfeccionadas a lo largo de millones de años, sostienen el ecosistema. Las relaciones entre plantas y animales evolucionaron de tal manera que su supervivencia es interdependiente, con instancias de competencia y cooperación.