La comunidad indígena enfrenta una difícil situación debido a la crecida del río, que ha provocado inundaciones y la pérdida de pertenencias. Los residentes describen la crudeza de la experiencia, pasando noches en lugares desconocidos y enfrentando una correntada sin precedentes.
La necesidad de ayuda es urgente, solicitando machetes, palas, hachas y casillas. La infraestructura se ha visto gravemente afectada, con 6 kilómetros de caminos cortados que dificultan el acceso y la distribución de ayuda. La escasez de alimentos es un problema crítico, y la ayuda provincial ha sido insuficiente.
A pesar de la pérdida total de sus bienes, la prioridad ha sido la vida humana. Los esfuerzos de los jóvenes de la comunidad para contener el río no fueron suficientes ante la magnitud de la crecida. La solidaridad de vecinos y voluntarios ha sido un pilar fundamental en medio de la crisis.
Los afectados expresan el deseo de reubicarse en zonas más seguras debido a las recurrentes inundaciones. La crecida del río superó las defensas construidas, causando estragos en la comunidad. La ayuda recibida es un alivio, pero la reconstrucción y el futuro son motivo de gran preocupación.