Elizabeth se siente profundamente avergonzada por el bebé, expresando que preferiría estar muerta. Almanzo intenta consolarla, sugiriendo que el bebé lleve su nombre y que nadie sabrá la verdad, pero Elizabeth insiste en que el orgullo de Thomas ha sido pisoteado.
La situación escala con Elizabeth lamentando que se burlen de ellos y que no les importe su orgullo. Almanzo le pide que no se desespere y le ofrece su apoyo para hablar con quienes los critican y hacer que la escuchen.