Se reflexiona sobre la importancia del fútbol como motor de ilusiones colectivas y la fe que genera en la gente, incluso sabiendo que las expectativas no siempre se cumplen.
Se menciona que los secretos del fútbol son inescrutables, ni siquiera para figuras como Messi o Chiquitapia, y se alude a un pasado donde las presiones y el contexto (como el FBI presente en un estadio para detener a Chiquitapia) influían en el ambiente.
Se hace una analogía con la fe poética, donde se suspende la incredulidad para creer en la posibilidad de un cambio positivo a través de una victoria, aunque racionalmente se sepa que no es así.
"Había un poeta Colerich que decía que...", se cita, introduciendo una reflexión sobre la naturaleza de la esperanza y la creencia en el deporte. Se plantea la idea de que el fútbol, más allá del resultado, representa una gesta importante y un motivo de orgullo nacional.