La historia de Troya, mencionada por el poeta Homero en la Odisea como una tierra de abundancia y escenario de grandes conflictos, ha sido objeto de fascinación durante siglos. Lo que antes se consideraba pura mitología comenzó a revelarse a partir de 1871.
La ciudad de Troya, estratégicamente ubicada en la fértil región de Anatolia y protegida por su posición elevada, contaba con acceso a agua dulce, un recurso escaso en la antigüedad. Su importancia para los griegos se basaba en su posición geográfica privilegiada.
El descubrimiento de Troya a lo largo de los últimos 150 años ha permitido desenterrar vestigios de sus calles internas, casas y lugares de trabajo. La ciudad, que albergó a unos 2.000 habitantes en el 3000 a.C., fue considerada una metrópolis de gran envergadura para la época.