En la tienda, el señor Stark intenta nuevamente anotar mercadería en su cuenta, pero el dependiente se muestra reticente, recordándole que lleva más de seis meses con promesas de pago. A pesar de ello, el dependiente accede a anotar la harina confiando en la palabra de Tomás.
Sin embargo, otro cliente interviene, advirtiendo que la palabra de Tomás "solo se protege con palabrería" y que existe un nombre para quienes pagan con "palabras baratas". Acto seguido, Tomás, ofendido, rechaza el crédito ofrecido y decide retirarse del lugar.