El Camino de Santiago continúa adentrándose en el corazón de Galicia, guiado por las flechas amarillas. Se suceden capillas, cruceiros y albergues que datan de siglos atrás, construidos por caballeros hospitalarios para acoger a los peregrinos.
Se menciona la persistente lluvia, característica de la región, y la aparición de las "lavacoyas", lugares donde los peregrinos no solo se lavaban la cara sino que se limpiaban de toda suciedad. El albergue de Lavacoyas aún funciona como refugio y lavatorio.
El segmento describe la cercanía a Santiago, la emoción creciente de los peregrinos al aproximarse a su destino, y la sensación de haber renacido al finalizar el peregrinaje. La música de la zanfona gallega acompaña este momento de reflexión y conexión espiritual.