En un barrio de Medellín, una barbería temática de Pablo Escobar exhibe fotografías y recortes de diarios sobre la vida del narcotraficante. Los residentes tienen opiniones divididas sobre Escobar: algunos agradecen las viviendas que les proveyó, mientras que las nuevas generaciones reconocen su maldad y los actos de violencia que cometió.
Se menciona que las autoridades han intentado eliminar la imagen de Escobar de los espacios públicos, como los murales, pero en propiedades privadas como la barbería, la temática persiste. El propietario argumenta que la figura de Escobar es parte de la historia colombiana y mundial, y atrae a turistas interesados en conocerla.
Se presentan los contrastes de la figura de Escobar, quien regalaba casas por la mañana y ordenaba asesinatos por la tarde, generando un debate sobre cómo debe ser recordado.