Se criticó al vocero presidencial por avivar una polémica sobre el dólar que no estaba en la agenda, desviando la atención de temas como Malvinas y la ley de tierras.
Se argumentó que el vocero, en lugar de apagar incendios, genera controversia innecesaria, instalando temas que benefician a ciertos sectores. Se cuestionó si esta estrategia beneficia realmente al gobierno o si, por el contrario, genera un costo político.