El sermón aborda la pregunta de si un creyente puede ser poseído por demonios, concluyendo que no es posible en el sentido de "propiedad" ya que los creyentes han sido comprados por Dios. Sin embargo, se explica que los demonios pueden influenciar, tentar y enfermar a los creyentes si se les da una "puerta abierta" a través del pecado no perdonado, el orgullo, la avaricia o la falta de perdón.
Se citan ejemplos bíblicos como María Magdalena (con siete demonios), el gadareno, el niño epiléptico, Job (con permiso de Dios), David (incitado por Satanás a hacer un censo), Judas (dominado por la avaricia) y Ananías y Pedro (a quienes Jesús les advirtió sobre la influencia de Satanás). Se enfatiza que Jesús nunca liberó a nadie en contra de su voluntad y que el libre albedrío permite a las personas dar o no entrada al diablo.
La posesión se define como la pérdida total de control, mientras que la influencia o tentación es posible si el creyente cae en áreas oscuras de su vida. Se advierte sobre la propagación de evangelios falsos y enseñanzas de demonios, y la importancia de no dar lugar a Satanás para evitar ser "pulverizado".