Se plantea la hipótesis de un patrón criminal en los fallecimientos de las hijas de Lucía Sosa, señalando que las muertes ocurrieron solo en sus hijas mujeres, mientras que sus hijos varones sobrevivieron.
Se recuerda que la primera bebé falleció a los cinco meses, la segunda a los once meses, y la última niña tenía dos años al momento de morir.
Se destaca la importancia de los peritajes realizados al niño de cuatro años y la necesidad de determinar cómo se encontraba al momento del fallecimiento de su hermana.