Se utiliza el relato de la resurrección de Lázaro como ejemplo de la capacidad de Jesús para traer vida a lo que está muerto. Se compara la condición de leprosos sin Dios con la vida antes de encontrar a Cristo, destacando cómo Él puede cambiar lamentos en baile y dar vida a áreas muertas de la existencia, como la economía, la pareja o la familia.
Se hace un llamado a poner a Dios en primer lugar, buscando Su reino y confiando en que Él se encargará de los negocios y solucionará problemas. Se enfatiza que al darle a Dios el lugar que merece, Él obrará milagros y proezas.