La infraestructura eléctrica de Cuba, con centrales termoeléctricas de más de 40 años de antigüedad, es un factor central en la crisis energética que atraviesa la isla. La falta de mantenimiento y la dependencia del petróleo agravan la situación.
El declive del turismo y la retirada de cadenas hoteleras españolas, que funcionaban con sistemas eléctricos precarios, también impactan en la economía y contribuyen al colapso energético.