Se detalla la importancia de entrar en "modo fe" al orar, lo que implica una lucha interna contra la incredulidad y la duda. Se compara con la fe del padre de un muchacho endemoniado que, a pesar de su duda, clamó "¡Creo, Señor! Ayuda mi incredulidad".
Se enfatiza que ponerse en modo fe no es sentir certeza, sino declarar "creo" y arreglar las dudas internas, manteniendo la convicción a pesar de las dificultades. La fe es necesaria para enfrentar problemas, como se ejemplifica con el ruego de Jesús a Pedro para que su fe no falte.
Se subraya que la fe, aunque sea pequeña, puede mover obstáculos ("montañas"). Se necesita fe para pedir que Dios quite impedimentos y para suplir carencias, recordado la promesa de que todo lo que se pida creyendo será recibido.