Matías relata su lucha contra la adicción a la cocaína, originada por desilusiones amorosas, decepciones laborales y la incapacidad de concretar su vida profesional. Buscó llenar sus vacíos con vicios, cosas materiales y relaciones sentimentales, sin éxito.
Su vida empeoró, cayendo en depresión, angustia y violencia. Experimentaba ansiedad constante, veía cosas, sombras y escuchaba voces. Tras ser invitado a la Iglesia Universal, comenzó a sentir un cambio y entendió la necesidad de liberarse de vicios, pensamientos y actitudes negativas.
Participó en reuniones de liberación, comprendiendo cómo cortar con lo "malo" y entendiendo el funcionamiento de lo que lo perturbaba. La liberación implicó dejar atrás actitudes negativas y vicios, lo que le permitió transformar su vida radicalmente, encontrando paz y felicidad.