Se exploró el futuro del ser humano a mil años vista, influenciado por la inteligencia artificial y los cambios ambientales. Se predice una modificación en la belleza hegemónica y rasgos físicos adaptados.
Se especula con un cráneo y frente más amplios, sugiriendo una mayor capacidad cognitiva, aunque también se debate si la tecnología podría atrofiar ciertas partes del cerebro. Los ojos se harían más grandes para adaptarse a la oscuridad y a las pantallas.
Se visualiza la integración de implantes tecnológicos sutiles y conexiones neuronales, así como una mayor dependencia de la tecnología que podría llevar al sedentarismo. Sin embargo, también se observa un auge en la actividad física como contrapartida.
Se planteó la posibilidad de una alimentación basada en pastillas y una piel más gruesa como adaptación al cambio climático. El debate se centra en si la tecnología nos hará "estúpidos" o, por el contrario, nos permitirá ser "aún mejores".