Estados Unidos, bajo la administración de Donald Trump, ha impuesto nuevos aranceles de entre el 10% y 12% a importaciones de más de 80 países. La medida se fundamenta en la investigación de prácticas comerciales consideradas injustificadas y la supuesta falta de mecanismos para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso.
Países como Brasil, Japón y Australia han rechazado estos aranceles. El gobierno estadounidense sostiene que la ley permite responder a prácticas comerciales que violan acuerdos internacionales. La decisión busca reforzar una política comercial proteccionista.
El representante comercial de EE.UU., Jameson Greer, calificó la tasa y el alcance de las exenciones como apropiados. Sin embargo, varios gobiernos han reaccionado, criticando el uso del argumento del trabajo forzoso para justificar medidas proteccionistas.