El crimen organizado y el narcotráfico siguen creciendo porque su estructura permanece intacta. Las estrategias actuales, centradas en la violencia, a menudo perjudican más a los ciudadanos que a los grupos criminales.
Se describe la estructura del crimen organizado como una pirámide de tres puntos: el bloque visible de capos y sicarios (como Fito, Pequeño Jota, El Chapo), las empresas que se benefician del lavado de dinero y el sistema financiero, y un tercer nivel de poder que sostiene toda la estructura, a menudo sin ser tocado.
Atacar solo a los capos o líderes criminales no desarma la pirámide, comparándolo con quitar un bloque de Jenga sin que la estructura colapse. Se señala la necesidad de abordar también las empresas y el sistema financiero que sustentan estas organizaciones.