Se reflexiona sobre la diferencia entre criticar a un gobierno y odiar a un país, tomando como ejemplo el exilio durante la dictadura argentina y la figura de Franco en España.
Se argumenta que el sentimiento de odio hacia Argentina por decisiones políticas es infundado, ya que la sociedad argentina es solidaria y respetuosa, incluso en momentos de convulsión política.
Se destaca la importancia de no generalizar y de valorar la identidad argentina, que se manifiesta en la hospitalidad y la buena onda, como lo demuestra la experiencia de los hijos del panelista que viven en el extranjero y se sienten argentinos.