Se relata el caso de una mujer que, por deudas, recurrió a un prestamista informal que la amenazó con quitarle la casa y su vida.
A pesar del miedo y de vivir sola, la mujer tuvo que hacer denuncias, pero la falta de información sobre el prestamista dificulta la acción judicial.
Se advierte que estos prestamistas, que operan "cara a cara", pueden llegar a recurrir a la violencia extrema, como amenazas de muerte.