Se describe un mecanismo de generación y diseminación de noticias falsas, orquestado por dinero ruso, que utiliza una red de medios online inexistentes y periodistas comprados para influir en el mercado hispanohablante y otros mercados internacionales. La técnica se basa en el insulto y el agravio para generar viralización y manipular los algoritmos de plataformas como Google y Twitter.
Se critica la falta de regulación en redes sociales y el uso de inteligencia artificial para crear contenido falso, lo que alimenta el sesgo de confirmación. La falta de credibilidad de ciertos "periodistas argentinos" en su propio país contrasta con la imagen que proyectan al exterior, abusando de las plataformas para generar contenido que se replica y amplifica.