El cambio climático está generando una nueva realidad de incendios forestales recurrentes y difíciles de contener en el sur de Europa, especialmente en zonas con alta densidad de biomasa y viviendas cercanas a bosques. La expansión de bosques en los últimos 60 años y la presencia de especies inflamables en jardines aumentan el riesgo.
Las condiciones atmosféricas actuales, con temperaturas elevadísimas y sequías, imposibilitan la actuación de los bomberos sin poner en riesgo sus vidas. Se habla de "incendios de sexta generación" cuando el propio fuego reduce la humedad ambiental, genera vientos y eleva temperaturas, condiciones que no requerían de altas velocidades de viento o temperaturas extremas como en décadas pasadas.
La prevención es clave, sobre todo en zonas habitadas. Se destaca la necesidad de gestionar los bosques y regular el uso del fuego como herramienta, una práctica olvidada en algunas sociedades. La naturaleza está adaptada al fuego, pero se debe evitar que arda en condiciones extremas que pongan en riesgo a personas y propiedades.