Activistas climáticos en Budapest, Hungría, protestaron con dos camellos para denunciar la sequía y la creciente escasez de agua en el país. La manifestación buscó simbolizar el avance de la desertificación ante la inacción de las autoridades en la gestión de los recursos hídricos.
Hungría atraviesa una de las peores sequías de los últimos años, habiendo perdido un volumen de agua equivalente a casi un año de precipitaciones.