Nora, la madre de Wanda Nara, relata en primera persona la angustia vivida durante el robo en su casa de Milán, donde se encontraba con sus nietos. Describe el miedo de que los intrusos subieran a donde se estaban escondiendo y cómo sus nietos actuaron con valentía.
Los niños, según el relato, gritaron "ladri, ladri" (ladrón, ladrón) al notar la presencia de los delincuentes. Uno de los niños, Constantino, descolgó un espejo pesado para bloquear la puerta de la habitación, mientras que otro, Francesca, ayudó a mover muebles para asegurar el lugar. Nora expresa su orgullo por la actitud de sus nietos ante la situación.