La violencia psicológica y económica son patrones que se repiten en casos de femicidio, llevando a las mujeres a situaciones de sometimiento.
Se identifican "banderas rojas" o señales de alerta que indican la presencia de una persona violenta, y la violencia tiende a incrementarse gradualmente.
La violencia económica es señalada como la principal causa de que las mujeres no abandonen hogares violentos, ya que a menudo se encuentran sin recursos o a cargo de hijos, lo que las deja en una posición de dependencia.
A pesar de que la ley ampara a las mujeres, la decisión de enfrentarse jurídicamente a un agresor puede ser compleja, requiriendo no solo recursos económicos sino también intelectuales y emocionales para identificar la violencia.