El reciente doble terremoto en Venezuela ha exacerbado la crisis humanitaria y social del país, evidenciando la inacción y el control del régimen de Maduro.
Activistas y politólogos como Rodrigo Diamanti y Elis Urbina denuncian que el gobierno priorizó el control de la población sobre la asistencia, desviando recursos y desmantelando centros de acopio organizados por la sociedad civil.
Las cifras oficiales de fallecidos superan las 6.000 personas, con más de 30.000 desaparecidos, en una tragedia que se agrava por la precaria calidad de las viviendas construidas por el régimen, que colapsaron fácilmente.
Se critica la falta de respuesta estatal y la priorización de la represión sobre la ayuda humanitaria, incluso con la militarización de zonas afectadas.
A pesar de la devastación, hay esperanzas de un cambio político con la posible celebración de elecciones, impulsadas por la presión interna y el rol de figuras como María Corina Machado y el apoyo internacional, especialmente de Estados Unidos.