Se plantea el interrogante de si los argentinos son inherentemente racistas, a raíz de las frases discriminatorias que se escuchan.
Se argumenta que, si bien existen actitudes xenófobas y prejuiciosas, la convivencia y la diversidad cultural impiden afirmar que la Argentina sea un país racista en su totalidad.
Se enfatiza la importancia de la Constitución Nacional y los valores de unión y libertad para mantener la cohesión social.