El relato de la abuela Nora continúa detallando el presunto robo en la casa de Wanda Nara en Milán. Explica cómo su nieto Constantino, con gran esfuerzo, descolgó un pesado espejo de la pared para bloquear la puerta de una habitación sin llave, mientras los niños y ella se refugiaban en el baño.
La abuela intentó mantener la calma de los niños, diciéndoles que no hicieran ruido y que la policía llegaría pronto. Expresa su temor ante la posibilidad de que fueran cuatro intrusos y aclara que en la habitación de Wanda había objetos de valor que no se llevaron, lo que genera dudas sobre el móvil del incidente.