La creatividad de René Lalique se inspiraba en la naturaleza y la fantasía, plasmada en insectos, flores y figuras mitológicas. Su emblemática libélula con cuerpo de mujer, presentada en 1900, le otorgó un éxito rotundo.
Su ingenio se expandió a la escultura en vidrio, lámparas y frascos de perfume, técnicas que llevó a la perfección. A partir de 1908, se centró en el vidrio, dejando un estilo inconfundible que trascendió fronteras.