Se analiza la estrategia de criticar a figuras populares como Messi para generar reacción y atacar indirectamente a la sociedad argentina, considerándola una táctica impopular pero utilizada por la izquierda.
Se cuestiona la supuesta influencia de figuras como Mengolini, argumentando que su poder de convocatoria es limitado y que sus opiniones no representan a la mayoría. Se reitera que la politización del fútbol y la crítica a Messi provienen de sectores de izquierda y kirchneristas, como Página 12 y diversos influencers.
Se concluye que, si bien la campaña contra Argentina tiene orígenes internacionales, ha sido validada y amplificada por actores locales con una clara agenda política, buscando generar un daño reputacional al país y a su gobierno.