Esther Kiferteaga, una mujer de 68 años, relata su desesperada situación al estar a punto de quedar en la calle. Además de no recibir su jubilación, ha sufrido una agresión física por parte de otro vendedor ambulante, lo que le ha dejado un brazo inútil. Denunció el hecho, pero teme por su seguridad.
Sobrevive vendiendo medias en la calle, lo cual considera una competencia desleal frente a los grandes comerciantes y ferias que evaden impuestos. Gana apenas unos miles de pesos por día, lo que apenas le alcanza para comer un menú económico o una media luna. Incluso ha tenido que recurrir a "rescatar" pan del día anterior.