Se reflexiona sobre la figura de Gilda y cómo la tragedia de su muerte, junto a la de su madre y sobrina, prefiguró un movimiento espiritual que la convirtió en un ídolo adorado.
El fotógrafo de la icónica imagen de Gilda relata que estaba en el lugar por estar en la lista de la agenda, y que ella, al pedirle que mirara a cámara, dirigía su vista al cielo, como si respondiera a otro llamado. Esto, sumado a las circunstancias de su muerte, contribuyó a forjar su mito y espiritualidad.