El sospechoso del femicidio de Luciana, conocido como "el polaco", poseía un historial de violencia que incluía agresiones físicas y psicológicas. Se investiga si su relación a distancia con la víctima y posibles otras relaciones paralelas influyeron en el desenlace.
Se cuestiona la lentitud de la justicia en actuar, ya que el sospechoso tenía el pasaporte inhabilitado, medida que aparentemente fue revertida. La demora en la intervención judicial se relaciona con los festejos de un partido de fútbol, lo que generó críticas por la priorización de eventos deportivos sobre casos de violencia de género.
El modus operandi del agresor incluía amedrentar a terceros, sin importar su género u edad. Se destaca su posible entrenamiento en artes marciales y su comportamiento violento y alcohólico. La falta de acción policial en un incidente previo, donde el sospechoso habría golpeado a su sobrino, es otro punto de crítica.