La entrevistada, que no paga alquiler gracias a la ayuda de su madre, afirma que si tuviera que hacerlo, sería imposible llegar a fin de mes.
Confiesa que han tenido que recortar drásticamente los gastos en esparcimiento y ocio, limitando las actividades a ir a la plaza con los niños.
Incluso en las vacaciones de invierno, las opciones se reducen a actividades gratuitas o económicas, llevando consigo lo básico como galletitas y jugos, y explicando a los niños que no se puede gastar más.