Tras 20 años de opresión y esclavitud en Israel, el pueblo finalmente clamó al Señor por ayuda. Se reflexiona sobre la dificultad que a veces tenemos para mirar a Dios y pedir su auxilio, prefiriendo apoyarnos en nuestras propias fuerzas.
Se insta a no resignarse ni lamentarse, sino a clamar a Dios con fe y a incluirlo en nuestros asuntos, peleando las batallas con armamento espiritual. Se recuerda que no es con ejército, sino con el espíritu de Dios que se logran las victorias.