La informalidad laboral creciente en los últimos 20 años ha provocado que muchas personas no alcancen los 30 años de aportes necesarios para la jubilación, a diferencia de épocas anteriores donde esto era más común.
Se plantea la necesidad de revisar y reformular el sistema para incluir a quienes aportaron y a quienes no, destacando que las sociedades que no protegen a sus ancianos carecen de futuro.
Se establece un contraste con Oriente, donde las personas mayores son respetadas, mientras que en Occidente, y particularmente en Argentina, la vejez a menudo se asocia con el descarte y la falta de reconocimiento.