Se continuó el debate sobre si cuestionar la justicia social convierte a alguien en racista, calificando esta idea como delirante. Se argumentó que la discusión sobre el racismo es importada y no forma parte del debate real argentino, a diferencia de otros países donde sí existen conflictos raciales.
Se destacó que Argentina es un país abierto y plural, sin conflictos religiosos, y que la discusión sobre la raza no es un tema central. Se sugirió que Martín Caparrós debería resolver su problema personal con Javier Milei en lugar de mezclar temas y crear una "ensalada" de argumentos.