Se comenta la sorpresa ante las reflexiones de Pérez Reverte, considerado un intelectual agudo y profundo, quien aparentemente se habría sumado a una "ola" de superficialidad. Se menciona que su amigo Jorge Fernández Díaz podría dar fe de su calidad intelectual.
Se cuestiona la tendencia de algunos intelectuales a subir a "olas" y a emitir juicios superficiales, utilizando palabras "raras". Se plantea la idea de que la falta de coherencia y la adopción de posturas que no reflejan profundidad son problemáticas, especialmente cuando provienen de figuras que deberían aportar lucidez.