El pastor Cinalli insta a aprovechar el tiempo sabiamente y prepararse para la eternidad, ya que la vida es corta y pasa rápido, como la neblina del amanecer.
Sugiere que en lugar de lamentarse por el tiempo perdido, se debe corregir el rumbo, olvidarse de lo pasado y enfocarse en Dios y su voluntad, como Pablo.
Advierte que culparse a uno mismo por la propia condenación es un error, y que la decisión de dónde ir en la eternidad es personal.