Se debatió sobre la gravedad de las expresiones de odio en la política argentina, a raíz de un comentario de una columnista sobre Javier Milei.
Se consideró que la frase "colgar a Milei en la Plaza de Mayo" constituye apología del delito y que debería ser motivo de denuncia y juicio oral.
Se vinculó este tipo de discursos de odio con la historia política argentina, mencionando ejemplos pasados y la persistencia de la frustración y el resentimiento.
Se criticó la inoperancia e inutilidad de los gobiernos, tanto a nivel nacional como provincial, calificando a los políticos de "parásitos" y "forros".