Se aclara que el enojo de María O'Donnell con Ernesto no fue por un error, sino por una diferencia en la valoración del tiempo compartido.
Ernesto considera que María debería valorar las once horas y media que estuvo presente, en lugar de enfocarse en la media hora que se retiró.
Ambos coinciden en que discutir no es sinónimo de enojarse y que la buena relación prima sobre los desacuerdos puntuales.