La casa natal de Adolf Hitler en Austria fue convertida en una comisaría policial para prevenir que el edificio se convierta en un centro de peregrinación neonazi.
El gobierno austríaco inauguró la dependencia en Braunau am Inn, transformando el inmueble del siglo XVII con una inversión superior a los 20 millones de euros. La fachada fue modificada de amarillo a blanco y se mantuvo una piedra conmemorativa del campo de concentración de Mauthausen.