El pastor explica la importancia de la sumisión mutua entre cristianos, comparándola con la sumisión a los pastores y las responsabilidades dentro de la iglesia. Relata una anécdota personal donde, a pesar de ser el predicador invitado, se le indicó sentarse en un lugar apartado, a lo que accedió mostrando sumisión.
Añade que la sumisión se debe practicar no solo en la iglesia, sino también en la familia, instando a las mujeres a honrar a sus esposos como honran al Señor, y a los esposos a amar a sus esposas. Señala que para lograr esto es necesaria la ayuda del Espíritu Santo, ya que a veces las personas se comportan de maneras que los demás interpretan como estar ebrios.
El sermón continúa explicando que estar lleno del Espíritu Santo no es un estado permanente, sino una llenura momentánea para realizar acciones específicas, comparando al creyente con un vaso que se llena y se vacía. Menciona que el Espíritu Santo se manifiesta de diversas formas, como aceite, paloma o viento, y que esta llenura puede transformar radicalmente el comportamiento y la vida de una persona.
Finalmente, compara la llenura del Espíritu Santo con las velas de un velero que se inflan con el viento, simbolizando cómo el Espíritu Santo sopla sobre los creyentes para llenar sus vidas y capacitarlos para cumplir el propósito de Dios.