El presidente de Nicaragua, Ortega, ha expresado su descontento con la injerencia de partidos políticos impuestos por potencias extranjeras, sugiriendo que estos no representan la voluntad del pueblo.
La oposición nicaragüense ha interpretado estas declaraciones como un preludio al fin de la democracia en el país. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha condenado las acciones de Ortega, mientras que el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, ha mostrado la disposición de su país a confrontar la situación.
Ortega ha intensificado la represión interna, generando inestabilidad que, según Estados Unidos, amenaza la seguridad nacional. La promesa de Ortega de abolir las elecciones futuras ha sido vista como una muestra de su temor a la voluntad popular. Los últimos comicios en Nicaragua, en 2021, estuvieron marcados por la detención de líderes opositores.
El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha señalado el mandato de Ortega por violaciones sistemáticas a los derechos humanos y por haber convertido a Nicaragua en un estado autoritario.