Se plantea que la irascibilidad y la polarización observadas en las redes sociales también se manifiestan en las mesas familiares argentinas, especialmente al discutir temas como política, religión o fútbol.
Se describe la dificultad de cambiar opiniones y la tendencia a mantener posturas inamovibles, lo que genera un ambiente de tensión.
Se expresa la preocupación de que esta violencia virtual se traslade peligrosamente a la realidad, afectando las interacciones cotidianas.