Se analiza la situación de los menores tras el robo en la casa de Wanda Nara en Italia, destacando la inseguridad que han padecido.
Se cuestiona la decisión de llevar a los niños a una casa de campo en lugar de su residencia habitual, exponiéndolos a un entorno de delincuencia.
Se enfatiza que los menores han sufrido inseguridades emocionales, psicológicas y mediáticas, además de la delictiva, y se critica la falta de adultos responsables en su entorno que velen por su estabilidad.
Se sugiere que la situación legal y la necesidad de nuevos pasaportes complican aún más el regreso de los niños a Argentina.