Haití atraviesa una profunda crisis marcada por la violencia de las pandillas, que ha provocado el cierre de carreteras, incluyendo el acceso al principal aeropuerto del país, obstaculizando la llegada de ayuda humanitaria.
Los vuelos humanitarios financiados por la Unión Europea son cruciales para el sostenimiento de proyectos y el traslado de personal. Sin embargo, la seguridad sigue siendo un problema grave, con bandas armadas controlando las vías principales y exigiendo pagos a los viajeros, lo que genera una sensación de encierro en la capital.
El aeropuerto de Puerto Príncipe permanece cerrado a vuelos internacionales desde 2024, y el acceso a los puertos marítimos, vitales para el abastecimiento de alimentos, es peligroso debido al control de las bandas. Además, la violencia ha desplazado a 1,5 millones de personas.
A pesar de la riqueza natural del país, 5,8 millones de haitianos sufren inseguridad alimentaria. Proyectos como la construcción de canales de irrigación buscan revitalizar la producción agrícola local, pero la falta de confianza en las autoridades y la profunda corrupción política, sumadas a la violencia y al cambio climático, conforman una crisis compleja y desafiante.