La rápida expansión económica de China ha generado tensiones globales, incluyendo una guerra arancelaria iniciada por Donald Trump contra Beijing, desestabilizando la economía mundial desde 2025.
La Unión Europea enfrenta un déficit comercial con China, y líderes europeos buscan soluciones sin éxito hasta el momento. La crisis de sostenibilidad de deudas soberanas contraídas con entidades chinas por países en desarrollo también genera complejas renegociaciones financieras.
La inestabilidad en Medio Oriente y conflictos en el Estrecho de Hormuz y Bab-el-Mandeb han afectado la Ruta de la Seda, impulsando a China a desarrollar su ruta digital y de energías verdes.