Se generó un intenso debate sobre la viabilidad y las implicancias de un Ingreso Básico Universal (IBU) como respuesta al creciente desempleo y la automatización impulsada por la inteligencia artificial.
Los panelistas discutieron si el mercado puede resolver la crisis laboral actual y cuestionaron el pensamiento del siglo XX del gobierno, que no contempla las nuevas realidades económicas globales.
Se planteó que, si bien un IBU podría descomprimir la situación social a corto plazo, no es una solución a largo plazo si no se acompaña de productividad y planes de desarrollo, advirtiendo sobre el riesgo de inflación si se financia solo con emisión.
Además, se señaló la necesidad de que el Estado planifique las profesiones del futuro y que los gremios tradicionales, como la CGT, que representan a una porción cada vez menor de los trabajadores, se adapten a los nuevos escenarios laborales.