Charlie García evocó la atmósfera de la dictadura militar argentina y la posguerra de Malvinas, momentos en los que el humor gráfico se convirtió en un espacio de resistencia y crítica velada.
El dibujante recordó que, incluso en tiempos de democracia incipiente, existía un clima de paranoia y vigilancia, y que acudir a las redacciones de humor implicaba un riesgo. Sin embargo, señaló que la coyuntura de Malvinas y la posguerra marcaron un punto de inflexión, permitiendo una mayor audacia y experimentación en el humor.
García mencionó el número 97 de la revista Humor como un ejemplo de esta libertad, aunque reconoció que la producción de la época podía ser ingenua en comparación con trabajos posteriores. Subrayó la importancia de no tener miedo a lo ridículo y de explorar los límites del humor, incluso en contextos de represión.